El uso de la tecnología en la actualidad representa un enorme potencial comunicativo, creativo y educativo, no obstante, su uso excesivo puede conllevar riesgos y consecuencias, llevando a la persona a una adicción a la tecnología.
La adicción puede afectar a cualquier edad, sin embargo, los adolescentes son especialmente vulnerables a ello, debido a que las nuevas generaciones nacen con los medios digitales, formando parte de su día a día y de su desarrollo, siendo su principal fuente de información, socialización y comunicación. Por ello, es necesario conocer los posibles riesgos y consecuencias que conlleva su uso excesivo, para poder prevenir y tratar la adicción lo más rápido posible.
Cuando pensamos en adicción, relacionamos el concepto con el consumo de una sustancia nociva que conlleva generar tolerancia, dependencia y abstinencia, los cuales surgen de la necesidad de la persona de tomar esa sustancia para poder hacer frente a un nuevo día, frenando con ello las sensaciones de malestar emocional y/o físico.
Cuando hablamos de adicción a la tecnología tratamos de adaptar dichos términos al concepto de tecnología, ya que los instrumentos tecnológicos a lo que conducen son a la pérdida de control de la conducta de la persona, donde esta trata de aliviar su malestar emocional a través de las tecnologías de forma sistemática, convirtiéndolas en un refugio y generando la necesidad de acceder a ellas frente al malestar.
Para poder ser considerado una conducta adictiva, debe estar presente la pérdida de control de la conducta, sobre la cual la persona no puede estar sin elemento que genera adicción (las redes sociales, Internet, videojuegos,…), generando con ello dependencia a dichos elementos y causando sentimientos de ansiedad, irritabilidad, depresión y desesperación cuando no puede hacer uso de ellos, apareciendo en ello el concepto de abstinencia y necesitando cada vez más tiempo en su uso, aumentando así su tolerancia.
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